domingo, 27 de agosto de 2023

Carles Santos


En el repaso que estoy haciendo por aquí a los trabajos de Martí Rom como documentalista llego hoy a “Finestra Santos” (1982).
Son sólo 10 minutos, pero marcan un punto especial. Es el primer año que nos encargamos él y yo del Cineclub Associació d’Enginyers, tras la propuesta de relevo efectuada por su anterior responsable, Joaquim Romaguera. Aunque ya Romaguera se alejaba mucho del cineclub convencional, pues se dedicaba a explorar en cine cómico primitivo, el cine experimental o, en cualquier caso, programaba ciclos muy especiales, nosotros, provenientes del CCI de los años 70, el cineclub de la Escuela de Ingenieros, donde habíamos programado todo lo que se había hecho al margen del sistema (distribuido luego por la Central del Curt, del que Martí Rom era uno de sus máximos responsables), pero también mucho ciclo de cine clásico y comercial, viendo que la Filmoteca por un lado y los cines de Arte y Ensayo por otro ya cubrían muy bien la oferta en Barcelona, apostamos por no hacer sesiones periódicas, sino aprovechar el (muy reducido) presupuesto para concentrarlo en una única actividad anual, que presentase trabajos no necesariamente de cineastas, de artistas relacionados con el cine aunque sólo subterráneamente.
Ese primer año escogimos a Carles Santos, que a la sazón se había hecho esa pregunta, “Beethoven. Si tanco la tapa què passa?”, y había vuelto al piano (y a piezas vocales) tras un periodo de alejamiento durante todo ese proceso de cuestionamiento de la práctica artística que supuso el arte conceptual y, en su caso, como miembro del Grup de Treball, también de fuerte posicionamiento político.
Lo conocíamos, básicamente, en su papel de colaborador -no únicamente musical- de Pere Portabella y contactar con él fue como dar continuidad a todo lo previo.
Proyectamos en varias sesiones toda su producción como director. Uno de sus cortometrajes, “La-re-mi-la” (1979) se había llegado a exhibir en salas comerciales como acompañamiento, pero previamente tenía ya una larga serie de producciones independientes muy interesantes en blanco y negro y 16mm, que pueden ser considerados la mejor representación de la obra cinematográfica constatable del arte conceptual de por estos lares.
En una sesión presentamos esta “Finestra Santos”, rodado poco antes en un desnudo sótano de la Fundació Miró, que entonces se utilizaba, bajo el nombre de “Espai 13”, para presentar obra de nuevos artistas. Porque, al contrario que otros vídeos de la serie, éste no habla de la trayectoria artística de Carles Santos. Intentaba dar unas pinceladas que definieran su trabajo del momento.
Veo ahora de nuevo el equilibrio inestable de Llorenç Soler, sosteniendo el armatoste que eran entonces las cámaras de vídeo, subiéndose en la enclenque silla en la que está sentado Carles Santos mientras ejecuta una pieza suya al piano y me hago cruces pensando lo cerca que estuvieron ambos de caer rodando con todo el equipo por el suelo.
Unas cartulinas naranjas primorosamente rotuladas a base del Rotring de la época separan las tres partes de la pieza.
-En la primera se puede atender a una instalación en acción, con la lucha por la captación de la cámara de Soler de esa ejecución de la pieza musical, contra todos los obstáculos, por parte de Santos.
En la segunda podemos asistir a una pequeña emulación del tipo de trabajos conceptuales de entonces de Santos, del que queda constancia para la eternidad su sentido del humor, con esa “sintonía de las estaciones de RENFE”.
Por último, en la tercera, Carles Santos, en ese desnudo escenario, todo hormigón, nos ofrece una variación de su “Tocatico tocatá”, y da muestras, una vez más, de su tremenda energía.
El enlace:






 

viernes, 25 de agosto de 2023

Josep Maria Carandell

Carandell en su casa de la plaza Letamendi.


No estaba muy bien de salud Josep María Carandell cuando, en 1999, Martí Rom rodó otro de sus trabajos para el Cineclub Associació d’Enginyers, dedicado a su figura, y le costó un gran esfuerzo, que se adivina en alguno de los planos de los 22 minutos resultantes.
Normalmente sentado (generalmente en algún rincón de su casa de la plaza Letamendi), aunque también paseando por el hoy desaparecido barrio del Pou de la Figuereta o por el terrado de la Pedrera, Carandell va desgranando, casi como inventario, sus diferentes ocupaciones y los intereses que le fueron llevando a escribir una bastante larga relación de libros en catalán y castellano.
No sin momentos difíciles, me han quedado grabadas en la memoria en ese año que pasamos con él varias cosas, muy singulares.
Una, desde luego, es el conocer de cerca a Carandell, al que había leído, a parte de por artículos en muy diferentes publicaciones, dos libros que tuvieron mucha repercusión: el que escribió sobre “Las comunas, una alternativa a la familia” y la “Guía secreta de Barcelona. Pero al margen de estos libros de éxito, inicialmente ya era considerado, junto a su amigo Eugenio Trías, la gran esperanza de la filosofía de por aquí.
Otra, de la que no aparece casi rastro en el vídeo, fue dar con la figura de su padre, Joan Carandell, un hombre de origen muy modesto que se convirtió en el equivalente al Conseller de Economía republicano, que huido a la zona nacional, gozó de las simpatías de Franco, llegó a tener un gran patrimonio (como la casa de calle Provenza que aparece al principio, o el famoso Mas de Reus)… y lo perdió al completo, y que, en sus últimos años, escribió bajo el seudónimo de Llorenç de Sant Marc toda una serie de novelas policiacas sobre la Barcelona del pistolerismo, que conocía de primera mano, fueron alabadas por Vázquez Montabán y sirvieron de referencia, por ejemplo, a Eduardo Mendoza para su “La verdad del caso Savolta”.
Otra, sus amistades. En un momento del vídeo está en su casa ante uno de los “pueblos” que construía con sus propias manos su gran amiga Ana María Matute. Pero también escribió canciones para otro gran amigo (Ovidi Montllor), Joan de Sagarra lo nombró hermano mayor suyo, o llegó a escribir una ópera junto a Joan Guinjoan.
Y una última cosa que no olvidaré: el privilegio de pasear con él por Barcelona, oyendo sus explicaciones sobre todo lo que íbamos viendo. En el mismo vídeo nos enseña unas calles cercanas al Mercat de Santa Caterina que son ahora un barrio nuevo… de más bien baja calidad y sin misterio alguno. Y aparece en el terrado de la Pedrera. ¡Qué placer oír de su boca toda la simbología que iba deduciendo de sus elementos,
El enlace:

En el patio de la casa familiar de la calle Provenza.

Fotografía de su temporada viviendo en el Japón. A la derecha, su mujer Christa Gottschewsky.

Asomado al balcón de su casa de la plaza Letamendi.

Colaboró en muchas publicaciones de la época.

Con Ovidi Montllor, para quien escribió muchas canciones.

Con su “hermano pequeño”, Joan de Sagarra.





 

De vuelta de París

Botín obtenido en tres librerías de París. En esta ocasión, todo alrededor del cine.