jueves, 7 de septiembre de 2017

El balneario Roqueta

Sigo refugiado en mis historias, aunque en el fondo, se quiera o no, son historias de mi país, en el que se han hecho, se siguen haciendo y por mucho que miro no veo qué es lo que impedirá que sigan haciéndose -al revés- animaladas tremendas, equiparables si no peores a las de todos los que nos rodean.
El otro día, mientras buscaba fotos antiguas para acompañar a lo que queda hoy en día del balneario Ullastres de Tona, di por la red con alguna del que fuera el mayor y más significativo del pueblo, el Roqueta. No veo por ningún lado la firma de Domenech i Montaner, su arquitecto, pero me parece que muchos pagarían hoy lo que fuera para seguir conservándolo entre su patrimonio. Estaba cerrado, producto de la crisis que se cernió sobre la moda de los balnearios en esos años, cuando de repente, en 1974, con la celeridad con la que se comenten esas barbaridades, lo derribaron, dejando vacío su emplazamiento. Les debía molestar la visión de esas viejas piedras, sin uso.
Miro ahora sus imágenes. No recordaba, en realidad, más que la presencia de un edificio bastante imponente que se dibujaba y perdía alternativamente entre las hojas de los árboles que, muy ordenados, daban solemnidad y dominaban el camino circular del parque abierto, a modo del de un palacio, que le daba acceso, y por dónde íbamos en bicicleta. Pero sí recuerdo el largo descenso por su escalera circular a la boca del pozo del manantial, donde nos obligaban a tomar un vaso lleno de sus aguas, que decían que tenían un efecto muy benéfico... Era la escalera de bajada al infierno su elemento más característico.

La escalera de descenso al manantial, digna de "La torre de los siete jorobados".


La foto no tiene calidad, pero la he puesto porque diría que, por el tamaño de los árboles de su acceso (a la izquierda de la imagen, delante de la montaña del castillo), es la más reciente. Por otro lado, nos habla del enorme tamaño de su conjunto.
 

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