Aislados e incomunicados en casa, sin kit de supervivencia de tres días, y por lo tanto sin radio con pilas con la que poder oír las noticias o las instrucciones de comportamiento de nuestras queridas autoridades, a lo que sumar el no tener a disposición por la proximidad un bar de referencia al que acudir a confrontar habladurías e intercambiar bulos, la inmersión en la lectura de libros (de papel, obviamente) ha sido la única salida.
Claro que alguna de las lecturas remite en seguida a las circunstancias actuales, como se verá por lo que transcribo.
En carta del 29 de octubre de 1962, Helen Scott, según constata el libro de su correspondencia entre 1960 y 1965, le escribe a François Truffaut lo siguiente:
“La tensión de esta última semana ha sido terrible. Por lo que he sabido, muchas familias con niños pequeños han dejado Nueva York para dirigirse al azar, donde sea, a centros menos poblados que Nueva York. Por otra parte, gente que vive en el campo han venido aquí para estar cerca de los rascacielos, donde creían poder estar más al abrigo de las bombas. Yo soy muy fatalista y en ningún caso intento sobrevivir. Por el contrario, lo que temo es la atmósfera histérica y egoísta que, inevitablemente, acompaña a una crisis de este estilo, y de la que me convertiría automáticamente en víctima. Mis recuerdos del maccarthysmo están aún muy vivos y sólo pensar en tener que revivir ese calvario me ha consternado y aún me inquieta”.
La crisis de los misiles en Cuba vivida en directo…
