miércoles, 27 de septiembre de 2023

Siguiendo el recorrido por Barcelona de Pasolini


Si se entra en la Facultad de Medicina por la escalinata y templete que da a la plaza, se coge el pasillo de suelo adamascado de la derecha y se mira a la izquierda, se verá un anodino y por lo demás desierto patio. En él, en el extremo más próximo a la entrada, están estos elementos que, cuando hace unos días los fotografié, aún tenían agua acumulada por las recientes lluvias. Más complicado es deducir qué son y qué hacen allí. Me propongo explicarlo, pero me alargaré un poco.
Por el 2014, el Grupo Pasolini Barcelona, creado al efecto, se planteó organizar una serie de actividades de diferente tipo para celebrar el 40 aniversario de Pasolini. Una de ellas era una película que, finalmente, se encauzó hacia una mirada investigadora sobre las visitas que a lo largo de su vida había cursado Pasolini a Barcelona.
El acto de más peso de Pasolini en la ciudad tuvo lugar, por diversas razones que ahora no vienen al caso, en un escenario como mínimo peculiar: la sala de disección de cadáveres de la Facultad de Medicina.
Algún amigo (porque participó en el capítulo de facilitar contactos para poder conocer a fondo el sitio) sabe de los mil y un cambalaches hasta poder gozar de ayuda de la Jefa Administrativa del lugar y poder moverse por doquier sin problema, permiso de rodaje con sólo razonables restricciones incluido.
Resumo: la visita a la sala donde hacen actualmente disecciones -previa advertencia de que no suele pasar, pero que quizás me encontrara con un brazo, una pierna o algún otro trozo humano que no esperaba ver- no creo que se me olvide nunca. Por estar a la que salta por si aparecía algo de eso, pero en especial por su singular guardián, el único que ya andaba por ahí en los años 70.
La sala no tiene nada que ver con la que pudo conocer Pasolini, porque le afectó recientemente una radical reforma, según me comentó el gerente, que señaló que el único elemento que quedó de la versión antigua fue esa serie de picas que querían tirar, pero dijo de dejarlas ahí.
Entre que la sala no era la de la época y que las mesas de disección no le parecieron (eso con razón) nada del otro mundo, Hilari no quiso saber nada de esa secuencia con aproximación paulatina al Clínico, paso por el pasillo hecho misterio rítmico por su pavimento, entrada subrepticia en la necrofílica sala del piso subterráneo (con plano de su letrero) y, no sé cómo, desembarco en las mesas de disección.
Creo que fue un error, porque desde luego no podía recuperarse el espacio, pero no importaba demasiado: la misma memoria de los asistentes constatamos que les jugaba muy malas pasadas, pensando en un lucernario y anfiteatro espectacular… que nunca en la vida había tenido.
Y la secuencia, así pensada, tenia su qué.

 

viernes, 1 de septiembre de 2023

Joaquín Jordá i…


“Joaquín Jordá i…” (Martí Rom, 2001) se aparta bastante del documental medio de la serie de monografías del Cineclub Associació d’Enginyers. Por un lado por su misma duración (78 minutos), por otro, por su estructura.
En casi todos los otros documentales, Martí Rom le viene a marcar aproximadamente a cada personaje lo que quiere que le diga (de hecho, en varias ocasiones le ha llegado a señalar y dar un trozo de la entrevista realizada previamente para el libro), y todos los tiempos están sumamente medidos: los segmentos así obtenidos se entremezclarán con las piezas documentales de todo tipo recabadas con el objetivo de formar en conjunto un retrato lo más preciso posible sobre la vida y el trabajo del personaje en cuestión.
Aquí, buscando aprovechar el excelente narrador que era Jordá, la idea era que se explayara todo lo que quisiera sobre determinados temas hablando con alguien afín a esos mismos temas, mientras una o dos cámaras grababan las conversaciones. La edición final acabaría de dar forma al material obtenido, que apuntaba a cuatro grandes áreas:
-Esteve Riambau le sonsacaba sobre la Escuela de Barcelona.
-Aunque no hubo manera de limar la mala química que había entre los dos, Llorenç Soler y Joaquín Jordá fueron convocados a la sede de una productora para que hablaran del documental político que habían practicado ambos.
-La psicóloga Maite Kirch, que colaboró en el rodaje de “Mones com la Becky”, habló con él de lo suscitado por ese film, incluidos los aspectos ligados al infarto cerebral que sufrió durante el mismo el realizador, y sus consecuencias.
-José Luis Guerin y Joaquín Jordá, que mantenían entre sí una buena amistad y se profesaban admiración mutua, repasaban en la sede de Virus Editorial, ante carteles de “¡Dinero Gratis!” y otros similares, la historia que les era más próxima y querida del cine documental y hablaban de cómo se planteaban sus propios trabajos documentales.
Algún picoteo sobre otros temas, como su trabajo como guionista y como traductor, registrados en el loft que tenia en la Calle de la Cera, completan la pieza.
¡Qué buenos recuerdos!
El enlace:










 

De vuelta de París

Botín obtenido en tres librerías de París. En esta ocasión, todo alrededor del cine.