Mi abuela era viajera, y tenía maletas llenas de etiquetas de esas de hoteles. Una de esas maletas, de cuero, medio destrozada, la tengo por casa. Dentro guardaba yo cosas suyas, gracias a las que vi que alguna de esas etiquetas las había podido arrancar de las maletas o las había puesto directamente en unas cartulinas.
Pongo por aquí alguna de esas, que van de hoteles de extremo lujo a modestos hostales. Hoy el extremo lujo (para lo que se estilaba).

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