jueves, 27 de junio de 2024

La aceitera de latón


En esta red social que se está quedando en red que enlaza sólo a unos cuantos, suelen interesar las confidencias personales. Brindo con gusto una, asociada a la fotografía que he hecho y cuelgo, de una recuperación personal (material y mucho más) de la que me siento muy satisfecho.
Mi abuelo, como es natural, era un señor de otra generación, de esa con sombrero, chaleco y, en su caso, en verano hasta gorra estilo francés. Cuando una angina de pecho que un prestigioso cardiólogo no tuvo forma de atajar se lo llevó para no volver, yo debía tener unos quince años, pero me había dado tiempo hasta entonces para captar ciertos rasgos de su personalidad y costumbres.
Unas estaban definidas fácilmente por una serie de elementos ligados con su (compartido con su mujer) automóvil: unos guantes agujereados para conducir que dejaban escapar los dedos (un complemento que me parecía, no siendo su coche precisamente un bólido de carreras, bastante ridículo), unos cristales opacos a superponer a las gafas y defenderse así del sol mientras conducía, una Nénette, una buena serie de sólidas, desprendedoras de buen olor y agradables al tacto gamuzas (que ahora me gustaría tener para limpiezas caseras) con las que abrillantar la carrocería del coche,… y esta aceitera para volver dócil y manejable cualquier tornillo que se le resistiera o para hacer fluidos los engranajes del automóvil.
La aceitera, pues, perteneció a mi abuelo, de él pasó a mi padre (recuerdo que en alguna ocasión, tras obligarnos a dejar bien limpia la bicicleta, se acercaba con ella en mano y aplicaba un par o tres gotas de aceite a la cadena y al mecanismo de accionamiento del freno) y ahora una hermana mía me la ha cedido gentilmente, para seguir la tradición.
Escribiendo esto, ya totalmente vacía y seca, la sostengo entre el pulgar, índice y dedo medio, presiono con el pulgar dos o tres veces el disco metálico por su centro y ofrece entonces un ruido sordo reconfortante, clavado en el recuerdo, de plancha metálica cediendo y recuperando su posición.

Lo que no sé es si la debería limpiar o conservar la pátina que le ha otorgado el uso y el tiempo. Se admiten sugerencias al respecto. 

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