El paseo que conecta L'Escala con Empúries, pasando junto a las playas, estaba en tiempos completamente bordeado de adelfas. Recuerdo haber visto fotografías de mis padres en 1949, aún novios, y, al margen de algún plano medio de mi madre en las rocas, con una paradisíaca playa de fondo, bastantes eran con ella posando, satisfecha, en este camino, rodeada de sus frondosas adelfas. Hace unos años, como una fase previa al para mí irracional expurgue actual de vegetación, casi las hicieron desaparecer, y solo queda ahora de ellas, de tanto en tanto, alguna muestra, ya casi únicamente testimonial.
Ahora recuerdo que en la terraza del piso de mis padres, en Barcelona, había un par de macetones con escuálidas adelfas. Por primera vez caigo en la cuenta que ella las debía tener porque le traían recuerdos de este paseo.

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