lunes, 23 de diciembre de 2013

El belén


Todo esto, sinceramente, no me va. Y si se trata de unos niños aporreando la cabeza con un villancico por los altavoces de un centro comercial, ni te cuento: Me pone de los nervios. Por eso no me gustó nada cuando Teresa dijo que quería poner en casa un Belén. “Por las niñas”- dijo. “Precisamente”- le contesté. Pero como vi que la cosa iba hacia un conflicto gordo, acepté parlamentar.
Las conclusiones del armisticio fueron claras: Pequeño, sólo durante las endemoniadas fiestas éstas tan entrañables. Sólo una compra de una figurita por año. Y yo a procurar olvidar la derrota, haciendo caso omiso de lo que se cuece a mis espaldas.
Pero hoy he mirado un rato, con cierto detenimiento, el belén de este año, y me ha resultado gracioso. Empezó –mal, sin romper ningún molde- con un portal penoso y las figuras esenciales. Algo ha debido incumplirse en las condiciones de rendición acordadas, porque, como se ve, hoy ya hay muchas más piezas que años transcurridos. Debo reconocer que hasta yo he colaborado aportando de algún viaje alguna figura, cuanto más anacrónica o irreverente, mejor: Un demonio, un cura de esos chovendo, unos andaluces bailando,...
Me gusta eso, lo anacrónico, lo surrealista y la disparidad de tamaños. Por los comentarios coloco alguna imagen de detalle complementaria.

La pareja andaluza bailando delante del portal.

Toda la fauna (cocodrilo, patos,…) del rio. Con barco a vela y todo

A la derecha el patinador sobre hielo (como no había lado helado -me dicen- montaña con nieve)

La partida de cartas.

Garos y ratones

Este señor lo compramos por Francia. Es una figura buena
 

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De vuelta de París

Botín obtenido en tres librerías de París. En esta ocasión, todo alrededor del cine.