Llibres -115
En un bolsillo del pantalón del chester llevaba siempre un libro. Fue durante la estancia en la Academia de Artillería de Fuencarral, el último trimestre de 1974. Franco había tenido la flebitis el verano anterior (un amigo que hizo todo el periodo de cuartel ahí explicaba que mientras el telediario y todos los periódicos decían que no era nada, ellos sacaban el arcón de artillería a pasear y limpiarlo a fondo, preparándolo para su funeral) y, pese a ello, la vida en el cuartel era tener claro que si entraba un comando de ETA se les debía dejar hacer y no intentar nada, no se fuera a ser que alguien sufriera algún daño. Las balas, resguardadas en el arsenal, no fuera a haber un accidente, y para guardias las de fogueo, y tirar rápido los cetmes al suelo antes de cualquier enfrentamiento. Por lo demás, el no hacer absolutamente nada. Unas clases soporíferas que se podían aprovechar, en las últimas filas, para leer impunemente, largas siestas en los barracones que también se podían aprovechar para leer, algún despiste como quien no quiere la cosa para ller otro rato, salidas por la tarde al pueblo, donde daba tiempo de ver el final de una película, todos los trailers de las películas de la semana siguiente y el principio de la segunda película, con el tiempo justo para cenar un poco antes de regresar corriendo al toque de retreta.
Guardaba con celo en ese bolsillo el tesoro oculto, que permitía evadirse un tiempo de las estupideces que, de tanto en tanto, se podían observar o hasta sufrir. El inquilino fue cambiando sin orden ni concierto, de Cortázar, pasando por un Rilke del que no entendía
nada pero que me dejaba con la sensación de ser comprendido, hasta libros sobre educación, antisiquiatría o simplemente de carácter anarquista que pienso ahora que quizás no me hubieran ayudado demasiado en el caso de ser descubiertos. Y, entre ellos, “Opio, historia de una desintoxicación”, de Jean Cocteau, frases cortas y páginas plagadas de dibujos de línea fina, etéreos, que me dejaban en un fuerte estado de languidez. Se lo dejé a un compañero del internado también amante de Miles Davis, que me confesó que le había causado una impresión de por vida y, claro, se lo tuve que regalar.
Llegado a Barcelona, al poco tiempo salió una nueva edición barata en el Libro Amigo de Bruguera, que compré… y nunca más volví a leer. Iba a ponerla aquí, pero es feísima. La del recuerdo es ésta de La Fontana de Oro, y al ver esta minúscula imagen que incluyo he pegado el saltito reconocedor de rigor.
Jean Cocteau – “Opio. Historia de una desintoxicación”
La Fontana de Oro, Madrid 1973

No hay comentarios:
Publicar un comentario