miércoles, 14 de octubre de 2015

Beber en la fuente


Son de hierro colado, usualmente con muchas impurezas. Siguen un dibujo tipo, que la pobreza del material y de su proceso de fabricación desdibuja en ocasiones. Están, como la de la foto, sobre una peana que tampoco puede decirse que sea un modelo de nobleza. No he encontrado datos precisos, pero debió iniciarse su fabricación e instalación, digo yo, por el cambio del siglo XIX al XX, o quizás antes, pero hasta es probable que se siguieran colocando tras la guerra civil. A alguno le recordarán entonces malos tiempos, de una pobreza inaudita, pues fue entonces cuando más uso se hizo de ellas. Y, con la ligereza con la que se oyen y divulgan hoy en día estas cosas, hasta querrán verlas desaparecer de la ciudad. Yo sostengo -como con otras cosas que ahora se quieren derribar por franquistas, borbónicas o colonialistas- que tal acción sería una verdadera lástima, que nos empobrecería aún más.
Yendo o volviendo del cole, mi hermana mayor se paraba siempre en una fuente de éstas, cercana a casa, y bebía un poco de ella, mostrando luego gran satisfacción. Como mi madre era muy mirada en estas cosas, y siempre nos advertía de las infecciones que podíamos llegar a coger, seguramente no debía acoplar los labios en el caño de la fuente. Pero aún así, en una ocasión en que iba a hacer su habitual trago, mi hermana vio algo que la dejó en estado de shock, y nunca más volvió a beber en la fuente. El carro de la basura estaba parado junto allí mismo. El caballo, en vez de beber de la vasija inferior, que hacía de depósito para este menester, tenía el morro haciendo ventosa envolviendo todo el grifo, y se estaba dando un auténtico banquete líquido. Es un relato de otra hermana mía. Quizás yo no lo presencié, o al menos no recuerdo la cara que le quedó a la habitual bebedora, que del asco dejó de serlo, pero en todo caso sí que había visto en otras ocasiones la enorme lengua del caballo, y cómo actuaba para beber. Un animal muy aparatoso, no apto para pequeñas damas remilgadas.

 

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