jueves, 17 de octubre de 2019

Hebel y los directores de los institutos de cultura de Barcelona


Leyendo artículos del libro de la foto, que resulta muy útil para recordar e ir resituando a los protagonistas culturales de por aquí en esos años, he dado, en la reproducción de lo dicho en una mesa redonda sobre la repercusión que tuvieron las ideas del mayo del 68 en los entornos artísticos, con una cita de un personaje que rápidamente me ha llevado a un tema que me obsesiona.
Al personaje lo cita mal Antoni Mercader (o le transcriben mal el nombre), por cuanto aparece como Hans Peter Hedel, cuando en realidad debía decir Hebel, y fue un activo director del entonces Instituto Alemán de Cultura de Barcelona durante los años 70 (la imagen suya que he encontrado por la red es, seguro, de algunos años después). Mercader dice de él que era “un hombre de izquierdas muy sensibilizado por toda la situación, que nos acogió y nos dejaba reunir en su sede, que estaba muy protegida por cuestiones diplomáticas. Cada vez que la policía se llevaba a alguno, (...) él con el pasaporte diplomático iba a Vía Layetana a protegerlo. Eso no se conoce demasiado, pero se debería recordar”. No es únicamente desde ese campo que se le recuerda. Josep María Mestres Quadreny también nos lo citaba como pieza básica en el desarrollo de las actividades de música contemporánea en la época en Barcelona.
Uno equivalente, notorio comunista, siguiendo esa pauta no escrita de que por la época los gobiernos extranjeros solían colocar como directores de sus centros en el exterior a alguien de ideas opuestas a las de la ideología imperante, sería el Dr. Caruso, director del Istituto Italiano de Barcelona durante el periodo 1974-1976. De él, desgraciadamente, no he encontrado más que lo que podría ser una posible fotografía posterior en una publicación siciliana y, como no estoy seguro que sea realmente sobre él, prefiero abstenerme de colgarla y así no meter el remo.
El próximo jueves se inaugura en la Filmoteca una exposición sobre el movimiento cineclubista para la que he hecho el papel ese de “comisario”, que se le dice. Me habría gustado extenderme más en ella -donde sólo se nombra- sobre el papel de los institutos de cultura extranjeros durante el franquismo. En el caso del italiano y el alemán, fueron los mismos Hebel y Caruso quienes buscaron la colaboración con el Cine Club Ingenieros, desde donde pudimos experimentar el soporte y ventana abierta que representaron.
Tiene razón Antoni Mercader: “Eso no se conoce demasiado, pero se debería recordar”. ¿Para cuándo un libro, una exposición sobre ello?


 

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