Un bien patrimonial, de las más preciadas de mis posesiones. Mi madre exhibía el trenecito de madera entre el abigarrado contenido de la vitrina que custodiaba la vajilla de los días señalados. Por ahí, descansando en una copa de champagne, estaba también el muñequito que representaba una jocosa pareja de novios el día de su boda, ella -de blanco- llevando en brazos al novio -de chaqué-.
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